
El derecho al voto que tenemos los mexicanos es un valor fundamental que, lamentablemente, muchos ciudadanos no estamos valorando en su verdadera dimensión. No le damos la importancia necesaria para decidir lo que es más conveniente para nosotros y para nuestra comunidad.
Cada decisión que toman los políticos impacta directamente nuestra vida personal, nuestro trabajo, nuestra familia y nuestro entorno. Lo vemos todos los días: nuestra ciudad continúa deteriorada, desordenada y, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por socializar sus acciones, los resultados no se reflejan en la realidad que vivimos.
Los tres niveles de gobierno parecen desorientados y poco enfocados en el trabajo para el cual fueron elegidos mediante el voto.
Hoy, muchos políticos parecen más concentrados en asegurar su permanencia en el presupuesto público rumbo a las elecciones de 2027. Utilizan recursos e imagen institucional en actividades ambiguas, presumiendo servicios y gestorías que no competen para lo que fueron elegidos.
Trabajando sin propuestas claras, sin estrategias y sin políticas públicas efectivas, se limitan a actuar como simples gestores.
Ante este panorama, vale la pena reflexionar con seriedad sobre la importancia de votar. Ir a votar no es solo marcar una boleta: es ejercer una herramienta poderosa para decidir quién verá por los intereses de tu comunidad, tu estado y tu país.
Los líderes políticos son elegidos para representar y servir la voluntad del pueblo, no para someterse a intereses de grupo que les impidan pensar y decidir en función de lo que realmente conviene a la ciudadanía.
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